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NAVEGADOR OPERA

Si existe un navegador singular, desde luego ése es Opera. Mucho más particular que Internet Explorer, dotado éste como está de una magnífica capacidad de generar fallos de seguridad graves cada vez que un usuario con los suficientes conocimientos le echa un vistazo a fondo; ciertamente, también más particular que Mozilla Suite, la robusta aplicación trinitaria -navegador, cliente de correo electrónico y compositor web, tres en uno-, robusta y eficiente como un viejo galeón español. No entraré a discutir las características de otros tantos navegadores, como por ejemplo Firebird -basado como Mozilla Browser y Netscape Navigator en el motor Gecko-, Kmaleon u otros de la misma matriz Gecko. Tampoco hace falta mencionar las armaduras lideradas por NeoPlanet, destinadas a añadir algunas extensiones al propio Internet Explorer, pero sin corregir, claro está, los errores cometidos por la curiosa caterva de ingenieros de Microsoft.

Supongo que Opera nos ha llamado la atención a todos los usuarios en alguna ocasión, particularmente por la sonoridad de su nombre. A mí particularmente me intrigaba la buena fama que cosechaba entre los usuarios de Mozilla, quienes llegan a considerarlo una especie de pariente cercano, a pesar de que se trata de una aplicación comercial a la venta por 34 euros. Esta familiaridad Opera-Mozilla se explica debido a varios factores; entre ellos, el común afán por hacerse un hueco digno en el mercado ampliamente sometido por Internet Explorer, el venerable respeto a los estándares del Consorcio W3, la extraordinaria capacidad de personalización y ciertas buenas ideas que simplifican y hacen más cómoda la navegación web.

De acuerdo, Opera tiene buena fama y cuenta con el apoyo de quienes pueden resultar usuarios de lo más ásperos, cuando se trata de entrar en discusiones que enfrentan a la comunidad libre y a Microsoft y su… (supongo que sí) navegador. De modo que uno visita Opera.com y se descarga el programa en español y lo prueba. Tiene dos opciones, claro está: pagarlo -34 euros constituyen una cifra muy razonable, y yo diría que bien merece la pena-; o usar la versión de prueba, completamente funcional, pero que incluye, empero, un gran y espantoso banner que no sólo daña la vista, sino que además hace suya gran parte del espacio visual.

En un primer momento, después de aceptar el dichoso banner, uno siente una pequeña angustia espiritual, y es que Opera cuenta con decenas de opciones que, en lugar de mantenerse ocultas a la espera de ser descubiertas, hacen acto de presencia prácticamente desde el primer momento. Por poner un ejemplo, la barra de progreso se encuentra activa por defecto; dicha barra, a diferencia de las más simples procedentes de Mozilla e Internet Explorer, hace una exposición detallada de la descarga de archivos -muy parecido a los datos de progreso en la barra de estado del viejo Netscape-, incluyendo cantidad de archivos, tamaño y en fin, todas las cosas que normalmente uno no tiene intención de leer.

Uno debe hacerse a la idea de que Opera no es una aplicación del todo sencilla, si tenemos intención de dominarla plenamente; es buena idea ser paciente y darle cancha y algo de tiempo. Al final, después de mucho probar y leer, uno descubre las piezas clave y ya puede navegar veloz sin darse de bruces contra el propio programa. Opera incluye, entre otras cosas: navegación mediante pestañas; identificación de gestos del ratón, una funcionalidad que transforma determinados movimientos del ratón en acciones; cliente de correo electrónico integrado en el propio programa -aparece dentro de la misma ventana-: Opera se preocupa de explicar que se trata de un cliente absolutamente novedoso y nunca visto e invita a leer un pequeño tutorial. Incluye asimismo la posibilidad de cambiar de decorado -tradicionalmente, las máscaras de programas fueron llamadas “skins” en los pseudonavegadores basados en Internet Explorer y “temas” en Netscape/Mozilla-; a un clic de distancia se encuentra una especie de rastrillo, localizado en el portal de Opera, donde los usuarios de ánimo creativo pueden exponer sus propios diseños. Hay muchos y gran parte de ellos resultan muy atractivos. Opera incluye asimismo la posibilidad de bloquear ventanas emergentes no solicitadas, supresión de las barras de desplazamiento -si cuentas con rueda de ratón, no son indispensables-, y un largo etcétera que puede llegar a sorprender. Además, puede decirse con justicia que Opera es una aplicación razonablemente ligera y, de hecho, su peso de descarga sin java es de menos de 4 Megabytes. Nadie negará que los ingenieros de la compañía europea han hecho un trabajo admirable.

Otro espectro de razones para adquirir Opera, fuera ya de las motivaciones informáticas, tiene que ver con una suerte de pequeña vanidad. Existe una ya larga lucha entre usuarios de las plataformas PC y Mac; posiblemente es falso que una de ellas sea más poderosa que la otra: más bien, cada una resulta más beneficiosa para determinados rangos de usuario (y para determinados rangos de bolsillo, seamos francos). En todo caso, hay un motivo que siempre resulta divertido y revelador, y es que se da por sentado que consumir un Mac es asimismo una cuestión de estilo. Su diseño es cuidado y apetecible, como una golosina de policarbonato. Algo parecido ocurre con Opera, y es que sus usuarios muestran un orgullo singular por poseer este programa. De hecho, el portal Opera.com cuenta con una amplia comunidad destinada a dar cabida a sus exclusivos compradores. Bueno, debo decir que eso es algo que comprendo perfectamente. Opera es toda una joya.

La información actualizada de opera podemos encontrarla en un nuevo artículo llamado  Opera 9.

fuente: desarrollo web

Web: http://www.opera.com

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